Cristianos y gays cubanos: un enfrentamiento constitucional

Los católicos y evangélicos cubanos han de estar cantando alabanzas por la “marcha atrás” del gobierno en lo del artículo constitucional 68, que abría la puerta ancha para el matrimonio gay en la isla.

Sin embargo, fuentes bien informadas desde La Habana me hacen reflexionar: “no tan pronto, porque en el proyecto constitucional se mantienen los mismos propósitos con distintas palabras; hay que fijarse en el Artículo 82”. Y me afirman que es lo mismo pero con otras palabras: aquello del perro y el collar.

La noticia estalló la semana pasada: Cuba borraba de su proyecto de Constitución el lenguaje que garantizaba el matrimonio homosexual. Y la noticia causó variadas reacciones, sorpresa, como sucede con todas las noticias, pero también alegría, desencanto y confusión.

Desencanto para los homosexuales cubanos que ya preparaban las bodas; alegría para los creyentes que por asuntos de fe se opusieron pública y notoriamente contra el artículo 68, y confusión para muchísimos otros ciudadanos que —por diversas razones— entre ellas el crudísimo sentimiento antihomosexual que el gobierno revolucionario injertó en generaciones de cubanos, también se opusieron a que el matrimonio gay se convirtiera en una realidad constitucional.

Lo cierto es que la oposición popular al artículo 68 debió de ser contundente. Según datos oficiales dados a la publicidad, dicho artículo 68 fue el más abordado en las consultas populares, ya que fue mencionado en el 66 por ciento de las reuniones. Hubo 192,408 opiniones a su respecto, de las cuales 158,376 propusieron sustituir el lenguaje de que el matrimonio es una unión entre “dos personas” por el vigente en la actual Constitución cubana de que lo es entre “un hombre y una mujer”.

El 13 de marzo de 1963, Fidel Castro, en un discurso ante La Universidad de La Habana, expresaba sobre los jóvenes “elvispreslianos” y “feminoides”: “Porque nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones [frase que recibió aplausos].”

Así, dentro de la Revolución, la directiva sociopolítico y cultural del gobierno era que ser gay era algo tenebroso. Y eso duró por lo menos hasta 1997, cuando se derogó el Decreto-Ley 175, eliminando la referencia a la homosexualidad del Artículo 303 del Código Penal que condenaba a quien “importunara” a otro con “requerimientos homosexuales”. Ahora, solo 19 años más tarde, ese mismo Estado-gobierno les pide a los ciudadanos que alegremente sean padrinos constitucionales en las bodas gay.

Aunque habría que decir, en justicia, que en las décadas del 50 y del 60 tampoco había mundialmente demasiada comprensión para los gay. En 1952, Inglaterra castraba químicamente al científico Alan Turing, para frenar sus impulsos homosexuales. No fue hasta 1982 que Irlanda descriminalizó la homosexualidad, y la despenalización definitiva —al eliminar las leyes contra la sodomía— no llegó técnicamente a Estados Unidos hasta hace nada más que 15 años: en el 2003. Seis años después que en “la sanguinaria Cuba castrista”.

No creo, como se ha repetido en muchos medios sociales que el gobierno cubano “ha cerrado las puertas” al matrimonio gay, aunque sí que ha tomado un paso de prudencia ante la opinión contraria de la población, o al menos lo parece, —que no es lo mismo, pero es igual— para beneficio de un mayor sentimiento de transparencia y confianza entre ciudadanos y gobierno. Y no es la única alentadora señal reciente de que puede mejorar la salud de la “sociedad civil” cubana.

En este caso principalmente representada por autorizadas asociaciones religiosas, y el criterio de los ciudadanos convocados a asambleas de consulta. Desconozco si existe una asociación civil independiente en Cuba para la promoción del movimiento LGTBI. Una fundada en 1994 fue clausurada en el 97. Pero los gays cubanos participaron también libremente en los debates y seguirán impulsando sus criterios de derechos al igual que lo harán quienes no son miembros de asociación independiente alguna, como la diputada Mariela Castro, pero que impulsan, y con qué potencia señor, la causa del LGBTI.

El famoso Artículo 82, resaltado por mi fuente bien informada e intencionada, seguirá siendo una sombrilla para que el tema de los matrimonios gays se resuelva dentro de la legislación en los próximos dos años y un nuevo código de familia. Ámbito en el cual debió haber estado desde un principio y no en el constitucional. Anuncian que habrá además un referendo especial para decidir el tema. Nada, que como decía Samora Machel, A luta continua…
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