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La búsqueda del voto evangélico influye en la política de Trump hacia Israel

Hay un grupo de votantes que mueve la mano de Donald Trump en su política hacia Israel, y su apoyo ya no es incondicional: los cristianos evangélicos blancos tienen dudas sobre el presidente, y esa dinámica promete influir en la decisión de Estados Unidos sobre el plan de anexión israelí.
Trump tenía una audiencia en mente cuando reconoció a Jerusalén como capital de Israel y etiquetó como israelíes los ocupados Altos del Golán, y no eran los judíos estadounidenses, en su gran mayoría demócratas; sino los protestantes evangélicos blancos, que le respaldaron abrumadoramente en las elecciones de 2016.
EL CORTEJO DE NETANYAHU
Al contrario que en el caso de Jerusalén, a la mayoría de esos evangélicos no les interesa el plan de anexión israelí, y están más centrados en asuntos internos, como la respuesta de la Casa Blanca a la crisis del coronavirus o las decisiones del Tribunal Supremo.
Pero el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se ha propuesto convencer a Trump de que dar luz verde a su proyecto de anexión le permitirá retener el favor de los votantes evangélicos, claves para su reelección en los comicios de noviembre en EE.UU.
"Los lugares (que queremos anexionar) son una parte crucial de la identidad cristiana. Son parte de la herencia de ustedes, de nuestra civilización común", dijo Netanyahu en un discurso virtual el pasado domingo ante los miembros evangélicos de la asociación estadounidense Cristianos Unidos por Israel (CUFI, en inglés).
LA PROFECÍA
Alrededor de un tercio de los votantes que auparon a Trump al poder en 2016 eran evangélicos blancos, y los integrantes más fundamentalistas de esa base son también los defensores más vehementes en EE.UU. del Estado judío, en parte porque consideran su existencia un requisito para la segunda venida de Jesucristo.
"Estos evangélicos blancos siempre están buscando 'señales' de que se está cumpliendo la profecía de la Biblia. Apoyan a Trump porque creen que Dios le está utilizando para preparar la segunda venida de Cristo", explicó a Efe el historiador John Fea, autor del libro "Believe Me: The Evangelical Road to Donald Trump".
Muchos de ellos "creen que la anexión (de partes de Cisjordania) forma parte del plan de Dios para el futuro de Israel", y "la mayoría estarán contentos" si Trump aprueba el plan de Netanyahu, opinó Fea.
POCO INTERÉS POR LA ANEXIÓN
Sin embargo, Robert Jeffress, uno de los predicadores evangélicos que más influyen en la Casa Blanca, dijo este mes al diario The New York Times que a la mayoría de sus correligionarios les da igual el tema de la anexión, y los analistas consultados por Efe coinciden con esa conclusión.
"El tema de Jerusalén tiene un valor simbólico religioso enorme. El de la anexión, mucho menos", resumió Ilan Goldenberg, un experto en la política estadounidense hacia Israel en el Center for a New American Security (CNAS).
Pero Goldenberg cree que el embajador de EE.UU. en Israel, David Friedman, está "desesperado" por sacar adelante el plan de anexión israelí, y ve posible que tanto Netanyahu como él "argumenten" que aprobar ese proyecto acercará a Trump a los votantes evangélicos, y que "consigan convencer" de ello al presidente.
UN BLOQUE CRUCIAL PARA TRUMP
El 77 % de los evangélicos blancos votaron por Trump en 2016, y el mandatario necesita que acudan a las urnas en noviembre para seguir en el poder, porque muchos de ellos están "en estados clave" como Florida, Arizona, Michigan o Wisconsin, dijo a Efe el académico Darrell Bock, que ha desarrollado encuestas entre esos votantes.
"Si pierde más del 5 % (de los votantes de 2016), lo tendrá complicado. Necesita mantener esos votos, y no estoy seguro de que vaya a conseguirlo", agregó Bock, que es evangélico.
Una encuesta publicada este mes por el Instituto para la Investigación Pública en Religión (PRRI) trajo malas noticias para Trump: solo el 62 % de los evangélicos blancos apoyaban su gestión a finales de mayo, una caída notable respecto al 80 % que decía lo mismo en marzo.
LA CAUSA DE LAS DUDAS
Bock atribuye ese declive al "fracaso de Trump a la hora de hacer frente a la crisis del coronavirus y a que ha intensificado las tensiones raciales" tras el homicidio del afroamericano George Floyd, un tema importante para los evangélicos blancos más jóvenes, que están "menos conectados con la política hacia Israel".